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TEXTOS INSPIRADOS EN LA OBRA DE CIRUELO
 
.. Texto de Marina Andrea Forrellad. Febrero 2015.

Querido Ciruelo,  Sentí escribirte para compartir una alegría muy bonita que tuve hace un tiempo y que hoy me la recordaron... Tiene que ver con tu obra, con tu "Hadas y Dragones, el Arte es Magia" (que tengo en casa) y con Hobsyllwin y Dark Dsurion que fueron los actores. En Septiembre de 2014 mi trabajo fue seleccionado para dar una conferencia en el Congreso Latinoamericano de Tuberculosis (SLAMTB) en Brasil. La ciencia es mi trabajo, es una parte de lo que hago y me dedico a estudiar la bacteria que causa la Tuberculosis, como Investigadora del CONICET en el INTA de Buenos Aires, Argentina. Resultó que en esa época estabas por Baires con tu muestra, tuve la causalidad de conocerte y tu libro "Hadas y Dragones, el Arte es Magia" e Yssala se vinieron conmigo y llegaron a casa. Me adentré a tu historia, a tus dibujos (que ya había visto en tu Cuaderno de Viajes que atesoro) en sí, a la Magia de tu mundo desplegado tras tus trazos... Y con tu obra, esa obra, salió la mía. Lo digo porque la infección que causa la bacteria M. tuberculosis en nuestro organismo resulta de una "lucha" literal entre el patógeno (que pretende infectarnos) y nuestro sistema inmune (que pretende controlarlo y destruirlo). Imaginarás algo... Resultó que la batalla entre Hobsyllwin y Dark Dsurion del libro fueron la analogía perfecta con mi sistema de estudio y lo usé para introducir la presentación de mi trabajo!!! Hobsyllwin terminó representando a nuestro Sistema Inmune y Dark Dsurion a la bacteria, el patógeno... Adjunto te envío la presentación que dí en aquella oportunidad por si quisieras verla, en realidad me encantaría... Para mi fue GENIAL lo que viví tras "tus dragones"!  Resultó que entre mis oyentes, todos científicos, descubrí que éramos varios los argentinos "fanáticos" de tu obra y otros colegas que la ADVIRTIERON y preguntaron por "Ciruelo"... Al parecer somos varios en el mundo científico los que AMAMOS tus dragones, tus amazonas, tu Magia... Recibí unas "palmaditas" por la charla, algunos elogios fueron "que buena tu charla, me encantaron los dragones!!!". En ese momento sentí, en verdad, que la ciencia y el arte se hermanaban otra vez... Yo me encontré en el arte, haciendo Mandalas, haciendo dibujos que no sé de dónde salen, pero salen... y todo el tiempo siento que hermano ambos mundos que alguna vez estuvieron tan íntimamente entrelazados y no sé cuándo ni por qué en el transcurso de la historia, desde el 1500 para acá, creímos que podían separarse y tomar caminos divergentes.

Marina.

 

 

 

.. Texto de Ale Leonelli. Enero 2014.

En el 97 tuve las agallas de tocarle el timbre a Spinetta, en su estudio de Urquiza. Le mostré dibujos mios. Yo tenía 14 años y mi intención era hacer la tapa de su proximo disco, Estrelicia. Luis fue tremendamente bondadoso y tierno conmigo. Nos sentamos en la vereda, yo le di mi carpeta y el solo pasaba los dibujos. Me dijo "me tengo que ir a ensayar, volvé mañana que te presto un libro". Volví al otro día, se había olvidado el libro, asi que me llevó a la casa donde pude ver la ilustración del Capitán Beto que le regalaste, colgada en el living de su casa. El libro que me prestó era uno de obras tuyas. Me dejó llevármelo para fotocopiarlo y al otro dia volvi y se lo llevé. Me dijo anda al Palais de Glace que Ciruelo está exponiendo ahi... si tuviera tiempo iría con vos me dijo. Caminé a casa con esa frase en la cabeza... "si hubiera tenido tiempo"... Luis tenía razón... en tus dibujos encontré una posibilidad ante lo fantástico que yo no me permitía, me hice gran admirador de cada una de tus obras al punto de comprar discos por que vos habías hecho la tapa. Admiro mucho tu trabajo... cuando fui al Palais de Glace esa vez, creí que realmente no podría ganarme la vida dibujando, porque lo tuyo era magistral... pero me esforcé y me esforcé y nunca dejé de dibujar ni por un dia.
Te mando un gran saludo.

Ale.

 

 
 
.. Texto de Julieta Romero, dibujante de dragones. 27 de Octubre, 2012

A menudo uno dice: da para recibir. Lo expresa convencido, lo repite como un mantra, pero no se detiene a pensar cómo funciona.
Para aclarar un poco la forma de actuar de este maravilloso fenómeno, quiero compartir lo que me pasó ayer:
Era un viernes cansador. Había ido a trabajar a Atucha I (bien lejos, en Zárate) y estaba muerta de sueño. Lo único que me tiraba de las narices para que no me venza el desgano, era una muestra de arte a la que iría a la tarde con un amigo a ver a Ciruelo, un artista que admiro no sólo por sus dibujos, sino por su filosofía de vida en general.
Para que el lector se de una idea, yo veo a Ciruelo como un ser que no es de este mundo. Ese hombre debe irse muy lejos cuando cierra los ojos y sueña, porque trae luego en sus manos el fuego de una vida ancestral, rostros conmovedores que inspiran amor y respeto, dragones de los cuales no puedo esperar a que me cuenten sus historias mientras acaricio sus escamas y preparo un nido de ilusión. Es muy fácil perderse en este universo. Dejarse caer en el fresco atardecer de nubarrones naranjas sobre mares imposibles, y aterrizar en las inmensas alas de un imponente reptil alado.
Eso es lo que veo en una obra de Ciruelo. A veces cierro los ojos enseguida y me imagino ahí. Otras, abro los ojos bien grandes para captar cada milímetro de la tela, y veo una gota, un rayón, un vestigio de que el artista es real y respiro aliviada, pensando: un poquito es de acá.
Volviendo al viernes, cuando estoy regresando del trabajo, me escribe mi amigo diciéndome que no puede venir. Mi viernes se cayó a pedazos. Llegué a casa, triste y dispuesta a quedarme hundida haciendo nada. Ni siquiera quería dibujar. Mi novio me preguntó por qué no le decía a otra persona de ir. Yo no tenía una buena excusa, sino más bien un malhumor galopante.
A pesar de mi postura incoherente y de todas las trabas mentales auto-impartidas (es lejos, es tarde, no voy a llegar), le mandé un mensaje a un amigo. Me dice “dale, pasame a buscar y vamos”. Así de rápido mi día cambió. Lo pasé a buscar y nos tomamos el subte. Yo había llevado mi cuaderno nuevo de sketches que me había regalado mi novio, con un dibujo mío en la tapa.
Tenía apenas un dibujo hecho en la primer página, y lo sombreé un poco durante el viaje. El humor estaba volviendo.
Bajamos en 9 de Julio, caminamos unas cuadras y ahí estaba, en la vidriera del Palacio San Miguel, un dragón blanco mirando al infinito desde la lámina.
Entramos y mi mirada ansiosa paseó brevemente sobre las obras de otros artistas. Hermosas obras. Ya habría tiempo para ellas, ahora tenía que encontrar los dragones.
Un par de vueltas, caminar hasta el fondo de la galería y volver por el otro pasillo, y ahí, finalmente, estaban.
Mis ojos recorrieron las obras una por una, acariciando con ternura cada escama de cada dragón, cada nariz de hada errante, cada frente de niña con la calidez de la madre que algún día seré.
Giro para ver por enésima vez (n??) los cuadros, y ahí estaba él. Ciruelo, sencillo, cruzado de brazos, charlando con su amigo Fabián, el hombre de la mirada de alma, de cosas de las que charlan las personas.
Cuando lo veo me desborda el alma de arte, y un poco se me escapa por los ojos. Me acerco a pesar de mi llanto inminente, y logro arreglar mi voz como para saludarlo, felicitarlo, hacerle saber que su arte me llena de alegría, que descubrirlo fue como recuperar una melodía que hace mucho quería escuchar y había perdido entre viejos recuerdos. Le dije “te felicito” con ojos llorosos. Nos sacamos una foto. No sé bien por qué. Quizás para dormir tranquila esa noche sin temer que todo fuera un sueño.
Vuelvo a sus obras. Miro mi cuaderno y le digo: me lo podrás firmar?. Claro! me dice. Lo saco torpemente de la cartera y se lo doy. Le cuento que el de la tapa es mi dibujo. Creo que le gustó. Abre la tapa, mira mi sketch y me dice: es como un Ave Fénix, no?. Yo asiento con un nudote en la garganta. No estaba en este mundo. La ingeniera nuclear que había ido a Atucha estaba ahora conversando con Ciruelo.
“¿Dónde te firmo?” pregunta. “Donde quieras”, le respondo, “en la tapa, en mi dibujo, donde quieras!”. “No voy a firmar sobre tu dibujo!” Pasa de hoja. “Te voy a hacer uno yo”. Mis ojos deben haberse agrandado como 5 centímetros, yo sentía que no cabía dentro de mí! Empezó a dibujar, y la gente que andaba por ahí se acaparó atrás a ver lo que hacía. Yo estaba sentada al lado, platea preferencial para el espectáculo que estaba presenciando.
Magia. Su mano se movía fluyendo por el papel y yo decidí que era magia. Quizás son líneas que ya hizo tanto, que su mano las recuerda mejor que su cabeza. De cualquier manera, era magia. Y la vi. La presencié. Y quedó ahí, hundida entre el grafito y el papel que luego me llevaría.
Terminó y no pude más que abrazarlo y agradecerle de nuevo. Pobre tipo, le debe pasar seguido. Mi alma bailaba de alegría.
Nos quedamos charlando un rato más, y le conté de las dragoneadas los miércoles en Starbucks, del inequívoco sentimiento de felicidad que produce regalar.
Dar para recibir.
Tan simple y fantástico como eso. Fabián me regala una verdad: “Mirá, todos los dragones que regalaste y así te vuelve!”. Hermosa certeza en la frase. Creo que no hay palabras para expresar lo bien que se siente dar algo al universo y que éste lo abrace y lo atesore de alguna manera que jamás vamos a entender. Y, más maravilloso aún, qué lindo es cuando el universo es el que te extiende su mano para hacerme recibir tan hermoso presente.
Estaba tan cargada de emoción por el intercambio de causalidades, que al saludar a Ciruelo, lo volví a abrazar. Al lado estaba Fabián, con un sentimiento de empatía tan grande que se asomaba también por sus profundos ojos. Lo abracé también. Parece un tipazo, y nos invitó a mi novio y a mi a que vayamos a Capilla del Monte a pasar unos días. Dice que la energía de ese lugar es increíble. Yo le tomo la palabra.
Seguro nos volveremos a ver. Y voy a escribir de nuevo sobre Ciruelo, Fabián y el mundo al que me transportaron. Quizás vaya sobre el lomo de un dragón, me dijeron mis sueños que así se llega enseguida.


 
 
.. Poesía de Lucas Di Giambatista, un niño artista de 10 años. Noviembre, 2013

DRAGONES, UNA RAZA TAN ANTIGUA
QUE SE PIENSA QUE NO EXISTE
QUE ES SÓLO UN MITO
YO NO LO CREO

YO CREO QUE EXISTEN
PERO EN OTRA DIMENSIÓN ESPIRITUAL
TAL VEZ NO EXISTAN EN ESTE MUNDO
PERO TAL VEZ EN OTRA DIMENSIÓN
INFINITAMENTE ESPIRITUAL
ESTOY SEGURO QUE SI!

 

 
 
.. Texto publicado en Facebook por Claudio Moretti. Mayo, 2010

En la tarde de aquèl dìa, cuando mi dèbil humanidad agobiada por los avatares de las falacias de este mundo, se encontrò frente a frente con aquèl espìritu de luz que un tiempo atràs habìa depositado en mìs ansiosas manos un libro, me sentì inexplicablemente pleno. Era un libro que me contò en un sueño una historia sobre hadas y dragones.
Todo cambiò en mi. Justo en aquèl preciso momento en que me regocijaba el alma con todas las emociones encontradas que me provocaban aquèl universo del arte; un dulce aroma, mezcla de araucarias y aràndanos, perfumò aquel inimaginado instante.
Entonces yo, bàsico ser humano, conmocionado con las legendarias historias del Andekhan... le ofrecì mi tan ansiado tesoro y con el lenguaje simple de los seres de èste mundo, le preguntè torpemente, quizàs mareado por la magia de aquèl encuentro: "por favor... ¿me lo podrìas autografiar como lo harìa Kume?"... Y entonces El, ser de luz, bañado por la gracia de las mentes extraordinarias; me mirò fijamente a los ojos y con el gesto que sòlo poseen los seres que reinan en los mundos onìricos, Tomò la pluma del còndor que moraba sobre la montaña de la cueva de Elixana y dibujò a Duhamvilù guiado por la mano de Kume que fuera ni màs ni menos que aquèl niño que fuera El mismo hace miles de años luz.
Y entonces, sòlo por aquèl màgico instante, aquel poderoso dragòn verde que antaño prescidiera el Consejo de Dragones y que sus restos òseos son los fieles guardianes de la cueva de la hechicera; abriò su boca y en un canto de fuego, lava y azufre, traducido por la voz de Yssala aquella dulce niña que entendìa el lenguaje de las hadas, me dijo: "en la esencia de todo lo que existe, subyace el arte. Porque el arte es magia".
Tomè mi libro, encerrè toda esa magia al cerrarlo y me fui rodeado de sueños.

 

 
 
.. Texto publicado por Bensonita en su blog. Mayo, 2008

EL DOMADOR DE DRAGONES

Caía la tarde y la luna brillaba cada vez más. El domador de dragones estaba con una bestia blanca e imponente. Desde el mediodía estuvo con aquel ejemplar, horas observando sus movimientos, sus reacciones. Lentamente se fue acercando, cauteloso, pues cualquier mínimo movimiento brusco del dragón sería trágico.

El domador se acercó calmo, pues no hay otra forma de acercarse a los dragones; huelen el miedo y reaccionan a los movimientos bruscos. Ya podía el caballero nombrado por las ninfas oler el tan particular aroma que emanaba de las escamas blancas como nieve, pero calientes, muy calientes. Ya su mano estaba a poca distancia de su cuello, y el dragón miraba fijo al domador. Los ojos de uno no se despegaban de los del otro. El mundo alrededor enmudecía, como si todas las cazadoras y hadas y ninfas llenaran de magia ese mundo para enmudecerlo. El domador, sin correr la vista de los ojos del dragón, comenzó a pronunciar palabras en el idioma del viento, el único que los dragones conocen. Un susurro tranquilizante que llegaba a los oìdos del dragón al tiempo que una pequeña mano se apoyaba en la base de su cuello. El dragón no hizo nada. La mano comenzó a recorrer el cuello hacia arriba, y el dragón finalmente presentó su hocico al domador.

El ritual habìa comenzado, el dragón le brindaba su respeto al domador, quien apoyaba una mano en el hocico y la otra en el cuello, debajo de la gran mandíbula blanca. Parecía no pasar el tiempo, estaban ahí los dos, casi inmóviles, en un acto que no permitía el más mínimo error. Semejante dragón con reflejos que reaccionan a la más mínima fluctuación del viento es fatal para casi cualquier otra criatura. El domador corría lentamente su mano, y sobre la frente del dragón aparecía un símbolo a la vez que en la espalda del domador. El dragón estaba recibiendo su nombre y brindando su fidelidad a ese hombre. Y los dragones, se sabe, son seres de palabra y la defienden hasta la muerte.

El domador ya tenía varios símbolos sobre el torso, pero este era especial. Se iba descubriendo sobre su espalda, desde la nuca, bajando por la espina dorsal, recorriendo hasta los hombros. Ambos sabían que algo estaba por suceder, que ese ritual era diferente.

La noche ya estaba asentada, y se tenían que separar. El domador debería volver a su otro mundo, por pequeñeces.

Ahora estaba sentado en un stand, rodeado de las criaturas que tan bien conoce. Firmando sus obras, sus libros, su arte.

Yo ya conocía el Cuaderno de Viajes de Ciruelo, pero lo había regalado a alguien para que recuerde algunas cosas en sus propios viajes. Tomé entonces feliz un nuevo cuaderno, y no pude más que llenarme de pudor extraño al ver al Señor de los Dragones, de la magia, fantasía. Estaba ahí! Me pareció evidente en ese momento que aquel Señor conoce en persona a los dragones, hadas, cazadoras, libélulas... Sabe cómo huele una cueva y cómo son las escamas de dragones al tacto. Conoce también el pelo de una ninfa y como se siente grabar la tierra con una garra de dragón. Le pedí que me firme el cuaderno, a lo que agregó un dibujo. No para coleccionarlo, sino para recordarme que era real: estuve frente al Domador de Dragones. Mi cara estaba completamente roja y ardida, no sé por qué. Quizás sentí la reminiscencia del calor de los dragones, quizás algunas escamas como brasas andaban por ahí. Quizás sentí cómo miraba a todos a los ojos, sereno… No sé cómo describirlo, sentí respeto y admiración.

Lo que me quedó más vívido en la memoria, además de unas imágenes increíbles en tinta negra acompañados de anotaciones mágicas, es uno que dice “Todo existe”. Me fascinò. La imagen tan poderosa como esas palabras. Creo que fue cuando lo ví, hace unos años ya, que decidí que es verdad, que TODO EXISTE; mis fantasías también, por mucho que intenten hacerme creer lo contrario.

 

 
 
.. Texto escrito por Gerardo Oyaregui. Mayo, 2008

EL PRIMER DRAGÓN

Tal como sucede en el mundo de la percepción humana, TODO debe tener un comienzo… y un fin… Tanto se trate de objetos, personas o sucesos.
Este fue el caso del Primer Dragón.
Como la semilla se parece poco al árbol y a los frutos, pero lleva codificada en su ser TODO lo que vendrá, el Primer Dragón, a pesar de mostrar exteriormente casi la misma forma que su posterior descendencia, poseía dos particularidades que lo diferenciarían.
La primera consistía en que las placas córneas que recubrían su cuerpo físico tenían la muy peculiar característica de reflejar el interior de todo lo que se enfrentara con ellas, de la misma manera como lo haría un espejo. Esto hacía temible al animal ya que al tomar contacto con él, todo y todos se veían reflejados en sus aspectos más íntimos…
A pesar de ser un instrumento muy útil para la evolución de la conciencia, la mayoría de las personas huían de él.
Pero la segunda cualidad era la que le ocupaba gran parte de su tiempo y de su atención, ya que le resultaba de fundamental importancia para conocerse: cuando a través de sus fauces dirigía su poderoso haz de fuego creador primigenio hacia alguien, este fluido era utilizado por la vida para materializar al instante los deseos de dicho ser.
Siendo el primero de su especie, él desconocía su apariencia; por lo tanto, su mayor deseo era verse reflejado en otro para conocerse… aunque más no fuera, en su aspecto exterior.
Esta necesidad hacía que envolviera con su emanación plásmica a todo ser que se cruzara en el Camino.
Como es de esperar, el Primer Dragón se encontraba ante la materialización de la más variada gama de deseos mundanos humanos; por lo tanto nunca lograba ver plasmada su imagen.
Un inesperado día, ya casi sin mayores expectativas acerca de los resultados, dirigió su haz creador a un niño de actitud despreocupada que se encontraba viviendo hacia adentro. Al tocar con su fluido el cuerpo de aquel pequeño, se encontró con una escena que difícilmente puede imaginarse la más profunda de las mentes creativas: la materialización del deseo consistía en dragones de todas las formas concebibles. Dragones de formas, colores, naturalezas, orígenes, conductas… todas combinadas de maneras diferentes. El espectáculo era imponente.
Ahora podía conocerse con claridad. Él mismo era el creador de todo su ser. Él mismo formaba junto con el deseo de aquel muchacho una unidad de conciencia que manifestaba uno de los aspectos de la Creación: el fuego primario del mundo de la percepción humana. El niño y el Primer Dragón eran uno en esencia.
Aquel niño, hoy un adulto, aún sigue enseñando al mundo el fuego de la conciencia en  la Tierra.
El hoy adulto, antes niño, aún sigue creando dragones de todo tipo y forma, y mostrando la fuerza de la vida en su esencia más primaria.
Al niño-adulto lo conocemos como… Ciruelo… El Señor de los Dragones.

Gerardo Oyaregui

 

 
 
.. Texto escrito por Santiago en base a un extraño sueño que tuvo. Mayo, 2009

Maestro: quería escribirte porque realmente te he descubierto a través de un sueño y sé que esto no es nuevo para vos por que después vi una entrevista en la que hablás y decís que la gente se siente identificada con tus trabajos muchas veces a partir de los sueños, yo me quede impresionado cuando te sentía hablar, sentí una cercanía mas allá del tiempo y del espacio, nunca había sentido hablar de vos y cuando vi tus trabajos fue muy impresionante, quizás sea una persona más que te dice esto, para mí fue fantástico!!!! e irrepetible , le conté a Xixa sobre este sueño y ella me dijo: tenés que conocer a Ciruelo....tu sueño se hará realidad…. en mi sueño, Mono Fontana explicándome con Xixa algunos detalles sonoros y colores mientras habían criaturas mitológicas comiendo colores, flotaban con sus bocas abiertas mientras entraban colores por sus bocas, colores irreproducibles...  y no había cielo, era una pintura gigante, Xixa colgaba sus cuadros superpuestos sobre algún tipo de pared o lienzo que daba una continuidad a la forma de ese lienzo gigante, un hada hablándome permanentemente en mi oído muy rápido y a veces podía entender nombres de colores, Mono y Xixa me decían: "esto es Ciruelo", "así pinta Ciruelo!", el único Ciruelo que conocía hasta ese entonces era el nombre del disco de Mono Fontana pero estabas ahí presente de alguna forma, mi intuición me decía que había algo más… la intuición, el universo, es entonces cuando se lo comenté a Xixa y a través de este sueño te conocí, al fin, te sentí hablar y dije: qué bueno,....descubrir, qué esencial descubrir!!, descubrir las cosas Ciruelo, el universo conspira, ahí en ese lugar justo a tiempo.

Santiago.

 
 

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